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Instituto de Kabbalah Universal
Un centro de estudio para la Evolución del Alma

 

 
Caracas, 01 de Diciembre 2.015
  Una morada para Dios
   
 
   
 

Acabamos de dejar atrás la Parasha de Jukat. La maravillosa ley de la Para Aduma (la vaca roja), la muerte de Miriam y el cese del agua para los Israelitas, la muerte de Aharón el Cohen Gadol, el nombramiento de Elazar el hijo de Aharón como nuevo sacerdote. Y la guerra contra la nación de Amalek. Son parte de las enseñanzas que encierra esta porción. La mayoría de los comentarios están basados en la Para Aduma, la vaca roja, pero quiero basar este comentario en algo un poco diferente pero muy revelador y que, como siempre, espero que cambie nuestra conciencia para siempre a una donde cada vez la luz del Creador sea el factor denominador.

En la porción de la Torá de esta semana, encontramos la siguiente historia. Después que murió Aharón el sumo sacerdote, desaparecieron temporariamente las nubes de gloria que rodeaban y en cierto sentido protegían al pueblo de Israel. Luego reaparecieron por mérito de Moisés, pero existieron todo el tiempo antes de esto por mérito de Aarón, pero cuando murió ellas también se fueron, y luego los goim [las naciones] que estaban mirando, observando, lo que estaba teniendo lugar dentro del campamento de Israel, pensaron que los Israelitas ahora eran vulnerables. Por ende la nación ubicada más al sur llamada Amalek, el archienemigo de los Israelitas, noto este cambio, que las nubes ya no estaban sobre el campamento, y pensó que era el mejor momento para atacarlos. Esta dicho según los sabios que empezó a hablar Canaanita y no Amalekita que era su idioma natural, para que no supiera Israel, que nación era quien los atacaría. De esta forma se aprovechó para raptar y tomar cautiva una doncella Israelita e Israel, salió a la guerra.

Pero no es sobre la guerra en si sobre lo que te quiero hablar, sino sobre una frase que solamente existe tres veces en toda la Tora, cuando el pueblo Israelita está a punto de salir a la guerra está dicho que ofrecieron un Neder, un juramento, Y entonces está dicho que el pueblo judío “vaiedar Israel neder laHashem”, [Israel] hizo un juramento a Dios que: “Si me entregas a este pueblo”, en otras palabras, “si puedo triunfar sobre este pueblo…”. Y dijeron sólo “este pueblo”, porque no estaba claro quién era, si era Amalek o Canaán. Entonces por eso lo dicen en forma general: “Si entregas este pueblo en mis manos, entonces dedicaré todas sus ciudades a Dios”. Y así fue. Como está dicho: “vaishmá Hashem kol Israel”, “y escucho Dios la voz de Israel”, prestó atención y aceptó la plegaria de Israel y le entregó al pueblo de Amalek, en las manos de Israel. Y ese pueblo fue destruido.

Las otras dos veces que se Nombra la frase Vaiedar Neder, ofrecer juramento, es antes de la historia de esta semana, con Jacob “Vaidear Iaacob Neder”, y Jacob hizo un juramento. Y la tercera en Shoftim (jueces) respecto a Iftaj que dice “Vaiedar Iftaj Neder” E Iftaj hizo un juramento. Exactamente iguales las tres frases, obviamente cambiando el lugar, el personaje y el tiempo. Sin embargo en la historia notamos que la primera vez empezó bien y termino bien, Jacob obtuvo la protección necesaria y termino bien. En nuestra historia de esta semana empezó bien, es decir, Israel gano la guerra contra Amalek y siguieron su camino, no trascendió más de allí. Pero en la tercera vez, Iftaj gana la guerra, pero al llegar a su casa tuvo que entregar a su hija al ángel de la muerte, por ende empezó bien pero termino mal.

Entonces tenemos que encontrar un secreto de sabiduría en cuanto a ¿Por qué si es tan efectivo jurarle a Dios, pedirle de esa manera, aun así no se hace? ¿Y por qué Iftaj tuvo ese desenlace tan fatal?

Siempre decimos y no es un secreto ya para nadie, que la palabra, en cuanto a lo que la kabbalah se refiere tiene un poder tanto de crearnos y subirnos a alturas inimaginables, como de hundirnos hasta las profundidades más oscuras del inframundo. Esto no es un capricho, incluso es algo que los científicos de la física Cuántica han comprobado, en la kabbalah se conecta con esta realidad desde prácticamente hace 3500 años o más. Es un decreto espiritual, la Torá se cansa de usar metáforas y códigos que nos develan este sistema espiritual inclusive desde la misma creación donde dice: Y Dios dijo: “Hágase el día y la noche” y fue el día y la noche. No dice algo como, Dios mezclo barro y linaza y avena y almendras y creo el día y la noche, no fue así. Todo fue llamado a ser por la palabra divina del Creador. Por ende la palabra de un ser humano, de nosotros incluyéndonos a todos, tiene como heredad divina de nuestra alma, ese poder, no de crear realidades sublimes como la Creación del cosmos, pero sí de crear nuestro propio universo, nuestra propia vida y nuestro propio mundo. Esa virtud es más poderosa de lo que si quiera nos hemos atrevido un día a pensar.

Entendiendo esto, tanto como ofrecer un compromiso de juramento a Dios se dice que se tiene que tener un nivel de conciencia elevado para ello. ¿Por qué? principalmente porque no sabemos si lo que pedimos es realmente lo que queremos, y ya hemos hablado de nuestras limitaciones antes, y segundo porque no sabemos si podremos cumplir lo que ofrecemos a Dios, y fallarle a Dios, es hundirnos por nuestra propia palabra. Esto sería un delito grave para alguno de nosotros. Por ende respondemos la primera pregunta. No debemos jurar a Dios simplemente porque no tenemos el nivel de conciencia para tal compromiso, y como dice cierta frase: “Hey, ten cuidado con lo que pides porque Dios te lo puede dar”. Podemos terminar mal parados en esta situación.

Volviendo a nuestras tres frases de “Vaiedar Neder” ofrecer juramento, analicemos un minuto porque fallo en el caso de Iftaj. La primera ocasión como dijimos es la de Jacob, dice: “Vaiedar Iaacob Neder”. Ofreció Jacob un juramento, pero ¿Qué juro? dice la historia de Jacob cuando él fue a Jaran y estaba en busca de su pareja que, “si has de estar conmigo y me has de dar todo lo que necesite, ambos físicamente, luego cuando regrese en paz, construiré un Templo para Ti, de esta piedra, hare un templo para ti, y te daré todos mis diezmos, dedicaré todo lo que posea a Ti”. Entonces vemos que el ofrecimiento de Jacob es algo sumamente sublime, espiritual. Una morada para Dios en la tierra.

En el segundo juramento que es el de esta semana leemos “Vaiedar Israel Neder”, ofreció Israel un juramento y ¿Qué juro? luego leemos algo como: Si nos permites ganar esta guerra, te daremos y edificaremos todas las ciudades de esta a ti. Todas las ciudades serán dedicadas al templo. E Israel cumplió. Pero vemos de nuevo la intención del Juramento, es decir, lo que ofrecieron: “una morada para Dios aquí abajo”. Dedicar cada ciudad al Santo Bendito El, no porque la necesite, el no necesita una ciudad, pero si desea que alcancemos nuestra corrección y eso solo puede suceder cerca, o en conexión profunda con su santidad. Por ende es un juramento que el estaría dispuesto a aceptar, siempre que se traiga santidad a la tierra.

Si pasamos al tercer juramento donde se degenero puesto que término de una manera trágica dice: “Vaiedar Iftaj Neder”, ofreció Iftaj juramento, ¿Qué juro? Dice: “si me has de entregar a los enemigos…” –Iftaj era uno de los jueces y también estaba a punto de entrar en guerra con los enemigos de Israel- “Si los entregas en mis manos, lo primero que haré cuando regrese en paz a mi hogar, lo primero que salga por la puerta de mi casa, lo ofreceré en sacrificio para Ti” ¿Qué fue lo primero que vio? A su hija. Por eso esta es una de las historias más trágicas en toda la Biblia. Y aquí obviamente no vemos un ofrecimiento elevado, no ofrece una morada para Dios abajo, sino que ofrece algo de la morada que el Mismo Dios le otorgo, es decir, ¿Qué podemos tener a nivel material nosotros que a Dios le interese o quiera, si obviamente sabemos que todo proviene de Él? La respuesta es nada.

Por tanto aprendemos de esto dos cosas, primero la fuerza de la palabra y más aún cuando es ofrecida a Dios, pero incluso ante cualquier persona, pues Dios nos escucha, lo segundo la fuerza de un juramento, por ello los kabbalistas enseñan que incluso cualquier cosa que se quiere ofrecer a Dios, que debe estar enfocado primeramente en ese sentido, traer la voluntad de Dios hacia abajo, debe ofrecerse desde el corazón. No importa lo que sea se dice desde el corazón pero no se pronuncia por la boca, porque la boca sentencia.

Para explicar esto los kabbalistas se basan justamente en la guematria de estas dos palabras “Vaiedar Neder” que equivale a 474 y a su vez 474 alude a Daat, en el árbol de la vida la sefira del conocimiento y la conexión. Por tanto Vaidar Neder, hacer un juramento es tener conciencia y conocimiento de que haremos un juramento de forma correcta, de que tenemos esa conexión como Iaacob, o como en nuestro caso Israel en la parasha de esta semana. Esa capacidad para hacer juramentos requiere un nivel muy elevado de daat [conocimiento o conciencia]. Que si una persona tiene daat elión [una conciencia superior] eso se llama el daat supremo. Que es la conciencia de saber y entender que “en lo Alto está todo”, “Dios es todo”, Dios es el verdadero “algo” y todo lo que está por debajo es “nada”, solo una ilusión. Entonces su juramento será verdadero, será bueno. El comienzo será bueno y también el final lo será.

Si el juramento sólo viene de daat tajtón [“la conciencia inferior”], como en el caso de Iftaj y su mentalidad, su conciencia es de aquí abajo, donde este mundo es lo verdadero, la realidad tangible es llamado el iesh [algo]. Y a pesar de que creo en Dios, y creo en que Dios me da la victoria, de todas maneras Él [Dios] para mí no es el todo sino que lo físico también es importante, entonces las cosas no van a terminar bien. Desafortunadamente la mayoría, o prácticamente el 99 % de nosotros estamos en el daat tajton, la conciencia inferior, por ello los juramentos deben ser desde el alma. Como lo explicamos anteriormente porque no hay la conciencia para saber que deseamos realmente, que es lo mejor realmente y sobre todo si podemos cumplir lo que ofrecemos, porque no tenemos ese nivel donde Dios lo es todo y no importa nada más porque es irreal.

Entonces lo que nos enseña esta porción no es solo sobre el juramento, no es solo el poder de la palabra que tanto mencionamos, aunque están incluidas acá, lo más importante es entender que se trata de que cada acción, cada cosa que pidamos al Creador, cada deseo de nuestro cuerpo debe estar enfocado en traer la realidad espiritual a nuestro mundo, en dar una morada a Dios aquí abajo, crear suficientes atributos espirituales para que toda su benevolencia y bendiciones bajen y desciendan sobre nosotros y este es el punto en el que el final de la corrección el Gmar Hatikun se manifiesta y da paso al final de todo caos en la tierra. Pero primero tenemos que vivir, respirar y entender que cada deseo debe ser “una morada para Dios acá abajo”.

Bendiciones y luz…

  Con amor: Jonathan
   

 

 

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