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Caracas, 01 de Mayo 2.015
  Integridad con Dios.
   
 
   
 

Comentando el versículo: “Integro serás con el Señor, tu Dios” (Deut. 18,13). Muchas veces en nuestro camino espiritual cometemos el error de simularnos personas elevadas, es decir, pasamos el día poniendo palabras de amor en nuestra boca, palabras de unión en nuestra boca, palabras de conciliación, etc. sin embargo la realidad que vivimos dentro de nosotros es otra. Seguimos sintiendo cosas desagradables de los demás, seguimos levantando juicios internos de los demás, seguimos pensando que otros son menos que nosotros porque hacen o profesan otro estilo de vida.

“No somos más imperfectos en nuestra vida como cuando creemos que estamos siendo correctos y justos”.

Luego levantamos oraciones, hacemos cualquier tipo de conexión, pero a Dios no podemos mentirle, sentimos que sí, que hemos simulado bien durante todo el día, pero Él sabe nuestra intención y que es lo que estamos haciendo y por qué. Por ende “integro serás con el Señor, tu Dios”, quiere decir que para Él, significa más y es más integra una persona que pueda mostrarse tal como es y decir: “sé que estoy cometiendo errores, pero te necesito para seguir progresando”, “sé que estoy agrediendo a personas, que estoy dejándome llevar por mi desagradable ego, pero me disculpare con ellas y seguiré intentando”. Que cualquiera que simule ser una persona perfecta y aun se muestre ante el Creador con ese complejo de grandeza, sintiendo que está haciendo lo propio para su vida y el mundo.

Sobre esto Rav. Simje Bunem dijo: la integridad tiene que ser con el Señor, tu Dios, también en la intimidad. Mostrarse integro hacia fuera, pero en la intimidad tener otros pensamientos, constituye el peor de los modelos negativos.

Lo mejor que podemos hacer en nuestro camino espiritual para los demás y para nosotros mismos es mostrarnos tal como somos. Cuando permitimos que la negatividad sea visible entonces podemos recibir la oportunidad de desarraigarla de nosotros, pero mientras insistamos en mostrarnos perfectos y mantenerla oculta, Dios no puede darnos las oportunidades que requerimos para hacerlo, y terminaremos cada vez más arraigados a estas y trayendo más caos a nuestra vida.

Bendiciones y luz…

  Con amor: Jonathan.
   

 

 

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